Relato sobre el Montardo y el Equipo, la ruta de montaña entre el Pont deth Ressec, Colomers, Montardo y Restanca. Sobre decisiones que tomamos antes, durante y tras una ruta, una tormenta en la montaña y un equipo con motivaciones distintas. Inteligencia Emocional y Liderazgo: Lo que la Naturaleza nos enseña.

 

Prometía una ruta de montaña bastante completa: dormir en el refugio de montaña de Colomers, contemplar el majestuoso circo homónimo, ascender el Montardo y regresar al punto de inicio, el Pont deth Ressec, por la Restanca completando así una ruta circular compartida con otras personas afines a la Naturaleza, el deporte y un estilo de vida saludable.

Era la primera ruta de montaña a cubrir juntos, lo que implicaba que la información previa sobre las peculiaridades, dificultad e itinerario del recorrido serviría no sólo de puente de acceso, sino de predisposición a la actividad ante la incertidumbre del quién, qué y cómo de lo que venía por delante. Además esa pequeña reunión a pie de ruta y de coche en la que compartir y escuchar las motivaciones de cada uno de los participantes sirve para alinearse, para emprender el camino desde la constitución de un grupo hasta su consolidación como equipo. Ésta y otras disposiciones previas a la salida son fruto del trabajo de planificación, fase determinante en el devenir del proyecto o reto que estemos abordando.

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Los 13 participantes y los 2 guías emprendieron la marcha desde el Pont deth Ressec (1.409 m) hacia el SE por el GR 11 hacia el collado d’Era Pasada de Ribereta (2.322 m), atravesando un largo tramo de pista, bosques de abetos y prados de pasto hasta la base del Estanh de Montcasau a 1.900m. Allí empezó el sendero en marcado ascenso hasta los estanhs, donde, tras una parada para picar algo y maravillarnos con las vistas propias de los ibones de alta montaña, abarcamos el último tramo hasta el collado. Avanzábamos a buen ritmo  aun permitiéndonos el lujo de detenernos para conocer flora y fauna como los rebecos y las marmotas, las fresas silvestres, la tóxica Tora Blava (Acónito) o el regaliz de montaña.

Escucharse a un@ mism@, pararse a tomar cuenta de las sensaciones que tenemos nos ayuda a hacer una autoevaluación certera. Subiendo todos teníamos las nuestras: alguna pequeña molestia en los gemelos, alguna rozadura pendiente de otras salidas, cansancio en general o sensaciones del tipo “¡quiero más!”. Teniendo en cuenta que al día siguiente quedaba lo más duro de la travesía, que desde Era Pasada de Ribereta hasta el Refugi de Colomers (2.136 m) quedaba cerca de una hora de trayecto, que la meteo era buena y que el terreno tanto hasta el Refugio como hasta el Tuc de Salana (2.485 m) era sencillo, decidimos dividir el equipo en dos. Unos coronarían el Tuc de Salana y otros emprenderían el camino al Refugio. Saber medirse es una gran habilidad, muy útil cuando un@ quiere estar por encima de la situación.  La tarde fue grata para todos y nos brindó un panorama espléndido tanto de nuestro objetivo del día siguiente –el Montardo (2.833 m)- como del majestuoso, abrupto y espectacular Circ de Colomers.

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En un equipo las decisiones no sólo se toman por y para un@ mism@ sino también para el bienestar de tod@s

Los ánimos estaban bien arriba cuando sirvieron la cena en el refugio. Con la satisfacción que provoca la montaña en sí, la ducha tras la actividad física y la buena compañía, la sopa, las lentejas, la ensalada, la trucha y el pudding de chocolate sentó estupendamente. Hicimos la sobremesa charlando acerca de anécdotas, viajes y naturaleza, mientras algun@s aprovechaban para cuidar sus rozaduras. Quedamos en estar listos a las 7.30h para desayunar y salir cuanto antes y nos fuimos a dormir al dormitorio que nos asignaron. Camas contiguas en las que descansar para el día siguiente.

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La previsión meteorológica advertía de inestabilidad a partir de las 14 horas con un frente tormentoso del O-SO que podía afectar a nuestro día. Niebla de buena mañana, buen humor y un ritmo por debajo de lo planificado marcó nuestro ascenso al Port de Caldes (2.567 m). Ante la meteo y un tipo de terreno más abrupto que el del día anterior, esta vez los guías priorizaron que el grupo permaneciera unido y por lo tanto se ajustara al ritmo de aquell@s que necesitaban ir menos deprisa. Cuando accedes al Port de Caldes desde Colomers, el Montardo es lo primero que llama la atención. Ese día también lo hicieron los nubarrones que se acercaban a nosotros apuntando maneras. Las paradas técnicas cada 20 minutos para hidratarse o cambiarse de ropa nos llevaron más tiempo del deseado, era nuestra primera ruta juntos y no estábamos alineados en ello. Llegamos a la base del Montardo con más de una hora de retraso con respecto a lo planificado. Los guías se reunieron y decidieron consultar a tod@s si querían emprender una ascensión directa  a la cumbre sin mayor dilación. No podían dividir al grupo ya que en terrenos o circunstancias delicadas no conviene superar el ratio de 1 guía por cada 8 participantes (para este tipo de actividad de senderismo). Sabían que habían de acertar en la interpretación del cielo pues con lluvia y un equipo tan numeroso la bajada del Montardo puede ser una odisea: tanto las superficies herbosas como las rocas en pendiente pronunciada, resbalan.

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Tod@s manifestaron su intención y voluntad de atacar a la cumbre, y así lo hicieron. Con gran ímpetu, a los 10 minutos de empezar a ascender las nubes impedían la visión del pequeño collado previo a la diagonal hacia la cima. Hacia algo de viento, y hacia el SO venían más nubes y más oscuras. Tod@s asumieron un ritmo más exigente que el que habíamos llevado a lo largo del día. Empezaron a caer gotas, pero la nube subía de cota dando la sensación de que se iba a desvanecer. De nuevo las nubes estaban de nuevo con nosotros. Los guías se miraron y asintieron, era el momento de dar media vuelta y renunciar a uno de los objetivos principales del equipo: el Montardo. Fue una decisión rápida y poco discutida con lo que pronto cruzaban el Coret de Oelhacrestada (2.475 m) para emprender la fuerte y rocosa bajada hacia el Estanh deth Cap deth Port (2.330 m). La procesión iba por dentro, algunos aliviados, otros molestos por no haber llegado al menos hasta el pequeño cuello y otros aceptando la dolorosa decisión por el bien del equipo en su conjunto.

Para más inri, durante la bajada salió el sol haciéndonos quitar los impermeables. Aquello parecía una broma. Pero no lo fue. Al alcanzar el Estanh empezó a llover. En 10 minutos estaba lloviendo fuerte y empezaba a caer granizo. Emprendíamos un punto de progresión más complicada al requerir el uso de una mano para apoyarse en la roca cuando la tormenta empezó. Rayos seguidos casi inmediatamente por truenos estaban ahí con nosotros. El estruendo de los granos de hielo sobre nuestras chaquetas impermeables dificultaba la comunicación, y el de los truenos deterioraba la capacidad de concentración de algunos de nosotros. Pude ver algunos mensajes corporales propios de momentos en los que se afronta el miedo (ojos bien abiertos, culo pegado al suelo, asentimiento pero no reacción ante órdenes concretas, autoestímulos como el repetirse frases a uno mismo,..) y otros propios del disfrute de la aventura (sonrisas cómplices, miradas hacia el espectáculo natural que contemplábamos desde primera fila, ofrecimiento de ayuda y colaboración para aquellos a los que les costaba un poco más progresar,…). Ante la fuerte tormenta, una vez superado un paso delicado, los guías separaron al grupo y fijaron el punto de encuentro en el Refugi de la Restanca (2.008 m). Era una manera de que no todos se mojasen lo mismo y de minimizar el riesgo de exposición a los rayos, que parecía estaban cayendo sobre el mismísimo Montardo, o como poco, no muy lejos de él.

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Ya en el Refugio hicimos algunas valoraciones sobre lo acontecido. –Menos mal que finalmente no atacamos el Montardo- decían algunos, aliviados. Otros procuraban secar sus prendas empapadas. Comentábamos lo salvaje y auténtico que resulta presenciar la Naturaleza en estado puro. Estamos poco acostumbrados a estar al aire libre ante una tormenta. Tiene algo que engancha, motiva y de lo que se puede aprender para la próxima. Las sonrisas nos invadieron a todos.

Habíamos tomado una decisión dura, como la de no subir al Montardo. Fundada en el riesgo de emprender una bajada con terreno resbaladizo cuando ya superábamos el umbral del tiempo planificado.

Habíamos tomado una decisión rápida, como la de  separar al grupo ante un panorama de diferentes ritmos, tormenta de montaña y un terreno sencillo con un refugio por delante.

Habíamos adaptado nuestro modo de comunicarnos, ante una situación de riesgo, con frases cortas y precisas, indicando movimientos concretos e instrucciones sencillas.

Ante la dificultad algunos se vinieron arriba, ofreciendo apoyo a quien fuese que lo necesitara, salió el sol y acabamos de bajar hasta nuestro punto de inicio en el Pont deth Ressec. Hicimos una revisión de la salida y todos aportaron lo suyo.igencia

El equipo había funcionado según lo pactado, pasar varios días de ruta había creado vínculos de confianza y todos regresamos a casa sanos y contentos.

El Montardo y el Equipo. Lo que la naturaleza nos enseña está al alcance de tod@s.

 

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Pablo Lapuente coachingPablo Lapuente

Co-Fundador/Instructor en LIFE Leadership School

Formador y Coach especializado en Liderazgo, Organizaciones y Relaciones e Inteligencia Emocional

Guía de Montaña y de Piragüismo

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