“No era más que un rumor en lo profundo del bosque, un día en que la niebla lo cubría todo y uno no sabe por dónde anda el sol. Hacía un rato que había parado junto a unas rocas propicias para apoyarse en ellas absorto por la ausencia de sonido más allá de sus propios pasos sobre el musgo, el crujir de alguna rama y el roce con los arbustos. Respiraba fuerte, tenía la boca un poco seca y algunas gotas de sudor resbalaban lentamente por su cara. Teniendo erguida la barbilla mientras bebía de su cantimplora advirtió su presencia.

Dedicó varios segundos de quietud absoluta a escuchar más allá de donde le alcanzaba la vista, tan atento que las pestañas sonaban al tocar una con otra. Tomó otro trago y lo notó de nuevo. No sentía miedo, tan sólo perplejidad al no asociarlo al lugar y el momento donde se encontraba: en un pequeño claro rodeado de boj, pinos y alguna encina. En una colina de suave pendiente en el pre pirineo. Entonces reconoció un escalofrío trepándole por la espalda, -debo abrigarme- pensó –o cogeré frío- . Una vez guardada la cantimplora y ya vistiendo un cálido abrigo recuperó el profundo y absoluto silencio, un silencio hueco tal vez por el efecto de la niebla…

..Cuando tomó conciencia de nuevo de la niebla, el silencio, las rocas sobre las que reposaba, el claro, los arbustos, pinos y encinas, la colina y la sierra.. lo hizo incluso con nostalgia. Sin una entrada ni una salida había estado en un lugar mágico y espectacular. Vacío en sí y repleto en conjunto había sentido la emoción del amor ingenuo, de la amistad sincera y de la sorpresa en la naturaleza. Recordaba incluso haber reconocido en aquel lugar situaciones vividas, recuerdos que estaban allí por reconocimiento propio no porque hubiesen surgido allí. Se había elevado pero no sabía desde dónde, tan sólo podía recuperar la visión del suelo separándose de la palma de sus manos mientras él observaba atónito las arruguitas de los nudillos y algunas cicatrices. Se sentía agradecido.

Extrañado de la experiencia pero emocionado aún había decidido emprender la marcha colina arriba cuando el suelo se tornó llano. El eco sordo desapareció y el chasquido de sus botas se había tornado más agudo. Como el velo de un teatro la niebla se había abierto ante sí para dejar entrever un inmenso cielo azul y un sol radiante. Había llegado a lo más alto, dejando más abajo un mar de nubes, quedándose él a solas con la claridad total y absoluta que había sentido minutos antes en aquel lugar mágico y espectacular. Abrió los brazos, respiró hondo hasta casi reventar su pecho, abrió las palmas y lanzo un grito de energía pura a la parte más lejana del cielo, mientras sonreía y miraba de nuevo sus manos detenidamente.

Entonces ya se había dado cuenta.  Acababa de lanzar una llamada, la llamada de los hombres puros y buenos. Para otros que se encontraran por allí.”

 

Pablo Lapuente

Fundador/Instructor en LIFE Leadership School (www.lifeleadershipschool.com)

Formador y Coach especializado en Liderazgo, Organizaciones y Relaciones e Inteligencia Emocional

Guía de Montaña y de Piragüismo

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